martes, 19 de junio de 2012

São Paulo es 'vitamina'

JORDI PASTOR 

En São Paulo no hay turistas. No a simple vista. La ciudad más grande de Brasil, y su motor económico, asusta y seduce a quienes se atreven con el agitado ritmo de sus avenidas. Megalópolis de 20 millones de habitantes y tintes neoyorquinos con un toque decadente, ofrece como recompensa un completo cóctel urbano de arquitectura, cultura, ocio, moda, tendencias, nocturnidad y muchas, muchas sorpresas. Sí, esto también es Brasil.
01 Cemento con arte dentro
Un gran cajón de hormigón gris acristalado abrazado por dos sólidos arcos rojos y voilà, un museo de arte. En plena Avenida Paulista, el MASP seduce tanto por el continente como por el contenido (Bosch, El Greco, Monet, Renoir, Van Gogh, Dalí, León Ferrari, Marc Chagall), en una ciudad donde lo urbano manda. Y en la Paulista, absoluto espectáculo, mucho más. Una de las últimas muestras del MASP sirva de argumento: la obra de seis grafiteros locales, que pasaron de jugársela en la calle a exponer en galerías y museos.

02 Parque Siqueira Campos
Toda megalópolis ofrece respiros al transeúnte. Cruzar la Avenida Paulista permite cambiar la pinacoteca anterior por uno de los reductos verdes que permiten respirar a la ciudad: el parque Siqueira Campos. Una recreación, entre fuentes y espacios para los más pequeños, de la mata atlántica (esta es la única reserva de la región). Tranquilos paseos de grava jalonados de palmeras y exuberante vegetación tropical, que aíslan al viajero del follón circulatorio de ahí fuera.
03 Avenida Paulista
La Avenida Paulista permite descifrar la evolución de esta ciudad desde tiempos coloniales: sus aceras todavía alternan añejas mansiones de latifundistas cafeteros con modernos rascacielos de peculiar trazo en acero y cristal, sede de los actuales terratenientes financieros. La Quinta Avenida brasileira, tan atractiva para unos, como aberrante para otros, que no olvidan el mar de favelas que rodean la megalópolis. En la Paulista hay mucho que ver, degustar y comprar, un espectáculo urbano en todos los sentidos, de día y de noche.

04 De un colegio a megalópolis
São Paulo presume de conservar el edificio donde nació la ciudad. La megalópolis se expandió desde mediados del siglo XVI alrededor de un colegio jesuita destinado a la tarea colonizadora. Su crecimiento, basado en la agricultura, es reflejo de la historia misma del país. El Pátio do Colégiose puede visitar (acoge un museo religioso) y no defrauda. Una maqueta recrea la ciudad en sus orígenes, se exponen excelentes muestras de arte sacro y la cripta conserva restos de paredes levantadas en el siglo XVII con barro y aceite de ballena, en una de las reconstrucciones del edifico original.
05 Palmeras y predicadores
A media mañana, se forman corrillos en la praça de la Sé, catedral de São Paulo, edificada a principios del siglo XIX sobre los restos de antiguos templos. El primero fue levantado con barro y paja en el siglo XVI. En el XVIII la vieja Sé fue ampliada tras obtener el rango de catedral y en 1911 derruida junto a la aledaña iglesia de São Pedro da Pedra para iniciarse la espigada versión actual y el entorno que la rodea. Merece la pena sentarse en la escalinata de acceso para observarlo: un amplio espacio donde, entre palmeras y fuentes, predicadores religiosos de acalorado discurso captan la atención de quienes pululan alrededor.
06 'Vitamina' en el mercado
Para comprar, contemplar, degustar... El Mercado Municipal de São Paulo tiene tanto colorido como truculentas anécdotas para contar. Para empezar, fue confiscado como polvorín cuando estalló la Revolución del 1932, año de su inauguración. Restituida su condición natural, el mercado respondía a las necesidades (y deseos de lucimiento) de una ciudad de fulgurante crecimiento. A orillas del río Tamanduateí, que garantizó abastecimientos de calidad, sus diferentes reformas han culminado en un espacio luminoso y animado donde descubrir frutas tropicales, tomarse una vitamina (zumo batido con leche) y no resistir la tentación de un contundente bocadillo de mortadela en el Bar do Mané.
07 Hormigón en S
so y elegante, el edificio Copán es un símbolo de la arquitectura moderna brasileña. Ideado a lo grande para celebrar el cuarto centenario de la ciudad -incluso para hacer sombra al Rockefeller Center-, fue inaugurado en 1966. Su curvilínea geometría, que identifica a su creador Óscar Niemeyer, impresiona al transeúnte desde abajo y ocupa un destacado lugar en el caóticoskyline de São Paulo. En pleno corazón de la ciudad, el Copán tiene de todo: más de mil viviendas, 72 tiendas y hasta un cine, ocupado por una iglesia evangélica.
08 Paradigma vertical
El paisaje de São Paulo muta radicalmente a mediados del siglo pasado: de ciudad pasa a metrópoli. Al suprimirse la altura máxima permitida, el perfil urbano se disparó hacia el cielo y se pobló de rascacielos. Se siguió un "paradigma de verticalidad americano", sentencian algunos autores, pero en versión más caótica y decadente. El resultado es digno de contemplación tanto de día como de noche. Una buena panorámica diurna la ofrece el Edificio Banespa (João Brícola, 24 - Metro São Bento). Con nocturnidad hay que asomarse desde el clásico restaurante Terraço Italia (último piso del edificio Italia, junto al Copan). Una vista de 360 grados y una de las más completas cartas de vino de São Paulo.
09 Parque Ibirapuera
La sintonía de esta ciudad con Manhattan va más allá de la densidad de rascacielos: São Paulo tiene su propio Central Park. Alejado del centro, el Parque Ibirapuera brinda un perfecto escenario para el jogging urbanita de fin de semana y una vista muy neoyorquina de su skyline. Además, cuenta con atractivos reclamos culturales: desde el Museo de Arte Moderno (www.mam.org.br) al flamante Auditorio Niemeyer (www.auditorioibirapuera.com.br). Su llamativo triángulo blanco de hormigón con rojiza marquesina a la entrada, reserva un vestíbulo de escalinata inconfundible.
10 'Jogo bonito' con caipirinha
La noche de São Paulo es infinita, requiere priorizar. Un clásico entre clásicos es el Bar Brahma (www.barbrahmasp.com), en pleno centro de la ciudad. Una propuesta más actual es la terraza del hotel Unique (www.hotelunique.com.br), en Jardim Paulista. Copas con glamour, piscina y vistas de São Paulo iluminado. Por último, Vila Madalena propone una zona tranquila de variada oferta, entre la que destaca el bar São Cristóvão (Rua Aspicuelta, 533), templo del jogo bonito. Camisetas, viejas fotografías, bufandas y toda clase de iconos futboleros que se puedan imaginar. Para quienes no amen el deporte rey, la carta de cachaças no es nada desdeñable y las caipirinhas de campeonato. Antes se puede picar algo en Salve Jorge Vila (R. Aspicuelta, 544).














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